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Quizá mañana es tarde

Testimonio de Fernando Tezanos, miembro del Metaforum del Clima tras el encuentro de El Escorial, donde se reunieron 40 jóvenes y expertos climáticos para debatir sobre acciones para atajar la crisis climática.



Termina otra jornada. Vuelvo a casa con un sabor agridulce. Estoy entusiasmado porque he conocido a más personas que comparten mi preocupación. En sus caras veo emoción, ganas de luchar y mucho compromiso. Sin embargo, creo que estas personas no representan a la mayoría. No son la mayoría, son la excepción. En mi regreso a casa consigo despejar mi cabeza, hablo con un compañero del proyecto que vuelve conmigo a Madrid. Estudió teología y charlamos sobre el islam, me recita versos del Corán y se me graba una traducción en la cabeza.

-¿Acaso nunca van a creer en mí a menos que vean señales milagrosas y maravillas? -


Los días que siguen al encuentro son duros. Claramente he vuelto más concienciado y, además, con mucha más información de la que tenía antes. Sin embargo, me aborda un sentimiento de culpa y remordimiento que no me deja comer. Me siento culpable. Resuena en mi cabeza un término frecuentemente utilizado -ecoansiedad- y me niego a darle más voz. Empieza entonces lo que denomino conflicto ético ambiental donde se cruzan pensamientos egoístas y vengativos que me lanzan hacia un abismo de disentimiento porque quiero dormir tranquilo. Porque quiero vivir tranquilo. Pero este arrebato de furia termina pronto. Comprendo que estoy totalmente dentro de este problema, ya no puedo salir. Es la consecuencia de ser consciente de lo que ocurre y es aquí donde radica toda mi frustración ¿por qué es tan difícil quitarle la venda de los ojos a la gente? ¿por qué creen que nuestro ritmo acelerado y sin freno no tiene límite? ¿quién les ha garantizado una vida plena de recursos?


Con esta rabia acumulada voy de frente contra los negacionistas y, para mi sorpresa, están más cerca de lo que me temía. Viven entre nosotros y nos quieren hacer creer que el aumento de la temperatura del planeta es una falacia. Una mera estrategia política para que cierto sector se alce en el poder. Respiro hondo. Muy hondo. Recuerdo una charla con un amigo en la cual le empiezo a hablar de decrecentismo. Se lleva las manos a la cabeza. No sabe lo qué es. Cree que quiero privarle de todos sus bienes. Cree que quiero que caiga en una situación de pobreza. Cree que quiero robarle su privilegio. Es aquí donde encuentro la barrera. Aquel bloqueo del que os hablaba al principio. La gran mayoría de personas siguen ciegas o no quieren ver la cruda, hostil y desesperanzadora realidad.


Pero no todo es oscuro, por suerte existen personas que te tienden la mano en esta tormenta de emociones. En el Escorial, Eva Saldaña nos habla de suficiencia y todo cobra sentido. A veces no nos hace falta más. A veces todo lo que tienes es suficiente. Y quizás éste es el camino que debemos seguir. Un camino que simplifique nuestra forma de ser. Aunque es probable que este camino entre en conflicto con nuestra actual manera de vivir. Cómo vamos a conformarnos con poco si nuestra evolución tiende a no conformarse con nada. La ambición es una gran bola de nieve que arrasa con todo lo que se cruza en su camino (nuestro camino hacia la suficiencia). Pero entonces ¿cómo es posible convivir entre estas dos corrientes? ¿cómo puedo conformarme con mi suficiencia si mi entorno me empuja hacia la avaricia? Son demasiadas preguntas. Lo siento. Espero que alguna de estas interrogaciones germine en alguna de vuestras cabezas y me den la respuesta. De momento los proyectos siguen y mi foco sigue aquí.


Meses después me encuentro en casa viendo el documental Une fois que tu sais. En una secuencia, Richard Heinberg explica por qué no tiene hijos. Mi corazón se para y, aunque sea duro, consigo comprenderlo. La decisión de Heinberg representa la mayor de las verdades sobre el cambio climático. El planeta que dejamos no es un regalo para nadie. Lo sé. Sé que es abrumador, desesperante y agotador tener que escuchar esto todos los días, pero ¿y si fuera verdad? ¿y si realmente no nos queda tiempo y mañana ya es tarde?

 

Por amor a la naturaleza, quítate la venda.

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